La regulación emocional es encontrar el equilibro y tono de nuestras emociones para manejarlas y transmitirlas apropiadamente.

Así que la regulación emocional tiene mucho que ver con la inteligencia emocional, pero no significan lo mismo. La regulación tiene más que ver con las formas o estrategias que realizamos para gestionar nuesttras emociones. No es contención de emociones ni desaparecer lo que sentimos, sino de saberlo canalizar.

Sin embargo, regular las emociones tiene su complejidad, puede, con base en el contexto, mejorarlas o empeorarlas. Por ejemplo, pensemos en un médico que necesita disminuir la intensidad emocional para trabajar bajo estrés, pero esto puede traerle problemas al momento de empatizar con el paciente.

Ya no se ve tan fácil, ¿verdad?

La regulación emocional tiene que ser flexible de acuerdo al contexto y no perder el equilibrio. También contiene elementos que la conforman y se llaman “microcompetencias”. Estas son:

  • Expresión emocional adecuada. Esto quiere decir comunicarse de manera apropiada, es decir, saber que no siempre lo que sentimos corresponde con lo que expresamos. Es es porque no sabemos el impacto que nuestras palabras o pensamientos puedan tener en los demás, se trata de comprender al otro y empatizar.
  • Habilidades de afrontamiento. Significa afrontar las situaciones con todo y las emociones que implican de forma que se puedan regular y gestionar mejor la intensidad y duración de esos momentos emocionales.
  • Autogeneración de emociones positivas. Es la capacidad de generar uno mismo y experimentar de forma voluntaria alegría, felicidad y toda emoción positiva que nos permita disfrutar la vida.
  • Regulación de emociones y sentimientos. Significa aceptar que los sentimientos y emociones a veces necesitan ser regulados, por ejemplo, los relacionados con la impulsividad, la frustración, la perseverancia, las expectativas, etc.
El proceso de regulación emocional consta de 6 pasos:
  1. Apertura emocional. Es tener siempre acceso a nuestras emociones. Aceptas las negativas y positivas porque nos indican algo que necesitamos.
  2. Atención emocional. Es la tendencia de dedicar recursos de atención a la información que nos genera la emoción.
  3. Aceptación emocional. Es simplemente no juzgar lo que sentimos, lo que nos molesta o nos hace sentir mal. La sociedad es dada a no permitirnos mostrar nuestras emociones cuando éstas son completamente normales y deben ser expresadas. No son malas, sólo son emociones.
  4. Etiquetado emocional. Es la capacidad de ponerle nombre a lo que sentimos, identificar ese sentimiento o emoción. Esto puede hacerte dar cuenta si necesitas ayuda profesional o sólo es pasajero. Por ejemplo, puedes sentirte enojado o irritable, pero en realidad lo que se esconde debajo es depresión o ansiedad. Detectar exactamente lo que sientes te quitará mucho peso de encima y sabrás como lidiar con la emoción.
  5. Análisis emocional. Es detectar los pensamientos que tenemos ante ciertas situaciones, personas o sobre nosotros mismos ya que estos influyen en cómo nos sentimos y lo que sentimos por los demás o lo que pasa.
  6. Regulación emocional. Por último, esta es la capacidad de influir en nuestras emociones por medio de estrategias que pueden ser cognitivas, fisiológicas o conductuales que nos permitan disminuir las emociones negativas.
¿Cuáles son las estrategias de regulación mental que podemos llevar a cabo para equilibrar nuestras emociones?
  • Mindfulness. La meditación es la más útil de sus herramientas porque nos permite observar sin juzgar y poner atención en el presente.
  • Visualización. Visualizar escenas agradables para nosotros hace que “engañemos” a nuestra mente para distraerla y hacerla sentir mejor.
  • Asertividad. Es la habilidad de comunicarnos con respeto, atención y coherencia con los demás, dar nuestras opiniones de forma firme sin lastimar a los demás. Esto sólo se puede lograr practicando, siendo empáticos, tolerantes, observadores y usando la escucha activa.
  • Técnicas de relajación muscular. Esto nos ayuda a que, mediante la relajación, produzcamos endorfinas que nos hagan sentir mejor.
  • Respiración consciente. Los ejercicios de respiración son de gran ayuda ante situaciones estresantes o donde se requiera mantener cierto control de las emociones para poder actuar mejor.
  • Hábitos emocionalmente saludables. Son los que te hacen sentir mejor como hacer cosas que te gustan: leer, cocinar, caminar, ejercicio, pintar, escuchar música, etc.

Como te puedes dar cuenta, estas estrategias son fáciles, se pueden adaptar a cualquier persona y hasta podrías crear tus propias estrategias con base en estas, la idea es que seas capaz de regular tus emociones de acuerdo al entorno donde te desenvuelvas para que sean adecuadas para ti y para los demás.

 

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