La atención plena o mindfulness puede ser una disciplina, un tema de moda, un conjunto de herramientas o una palabra que hemos escuchado mucho últimamente.

Pero la atención plena hoy será tratada de la forma contraria: te contaremos qué NO es. De esta manera es probable que entiendas mejor lo que sí es y será mejor definida.

Empecemos:
  • No es pensar positivo. La atención plena nos ayuda a ser un poco más felices, pero no significa que nos cambie y nos volvamos seres de luz y optimistas. Nos ayuda a sentirnos más en armonía con el presente, a entenderlo y aceptarlo, pero nada de positivismo tóxico.
  • Ni tener la mente en blanco. Usar el mindfulness se trata de observar los pensamientos, de contemplarlos y dejarlos ir. La realidad es que nadie puede poner la mente en blanco.
  • Tampoco es entrar una especie de trance o hipnosis. La atención plena tiene una herramienta muy importante y llamativa: la meditación y tenemos una percepción de que meditar es caer en un estado de hipnosis en el que terminaremos levitando. Tampoco es así, sólo se trata de percibir las cosas como son: el presente, la vida, quienes nos rodean. La mente percibe y reconoce, no se hipnotiza.
  • Mucho menos es relajarse. Aunque la relajación sí es una consecuencia, no es la finalidad. A través de la atención plena o mindfulness aprendemos a relajar la mente, bajar los niveles de estrés y la consecuencia es mejor salud física y mental, pero el objetivo en realidad es estar presentes, conocernos mejor y observar la realidad tal como es.
  • Reprimir las emociones no es el objetivo. El hecho de que seas capaz de meditar, mantenerte calmado y bajo un aparente “control” no significa que hayas cortado de tajo las emociones, simplemente es reconocerlas y aceptalas para gestionarlas mejor.
  • ¿Requiere mucho tiempo? No, 10 minutos bastan. Claro que es una inversión de tiempo, pero depende de ti qué tanto quieras invertir. La realidad es que puedes meditar en cualquier momento y haciendo casi cualquier cosa. La idea es que seas constante para lograr una buena práctica.
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¿No te parece que ahora es más claro que es la atención plena?

Sí, el instrumento más común y principal es la meditación, ya que con ella podemos enfocar los pensamientos, concentrarnos en el presente y entender la realidad desde ahí: quiénes somos y hasta cómo podemos ser más útiles, felices o conscientes.

La atención plena es el presente, el aquí y el ahora sin preocuparte por lo que todavía no es y dejar de cargar el pasado que ya fue. ¿Eres capaz de practicarlo? No necesitas más que 10 minutos, una buena meditación corta y a ti mismo.

Atención plena o mindfulness: percepciones erróneas

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